Ernesto Vásquez: "Caso Nabila: ¿morbo o transparencia?"

Existen muchos casos en los que la violencia doméstica queda en la más entera impunidad. Los estudios dan cuenta de que las mujeres que denuncian violencia han tardado al menos un lustro en dar cuenta de su testimonio. Por ello la declaración que ha ofrecido Nabila Rifo en estrados no debe olvidarse.

Acreditar sin el testimonio de la víctima —e incluso, en ocasiones, con su testimonio— es una tarea a veces titánica, menos si el juzgador no tiene la sensibilidad ni conocimientos de la realidad. Si no se exige respeto a las propias resoluciones del Poder Judicial, ¿qué puede hacer la Fiscalía para pedirle a un juzgador que haga sentir el peso de una orden que ordena el alejamiento? El defensor puede y debe hacer su rol, aunque, obviamente, la ética no ha de dejarla de lado, y menos si es un funcionario público. El fin procesal no justifica los medios.

Estamos de acuerdo con el defensor nacional: no se deben "farandulizar" los procesos, pero también la defensa debe hacerse cargo de dichos que a veces rayan en el mal gusto. Se enarbolan fórmulas que rozan en abstracciones, en las que se sostiene, por ejemplo, que la autorización de la víctima dejaría sin efecto sustancial dicha orden y por ende no habrá desacato. O sea, hay una fórmula proscrita por el derecho por la que un particular le resta valor a una resolución judicial. Se omite la directriz dada por el legislador que ordena a todos los funcionarios públicos (jueces, fiscales y defensores incluidos) a proteger la privacidad de la víctima. Se trata de casos en que la prueba es difícil si la víctima es sometida al chantaje del ofensor.

El legislador ha entregado directrices que son excepciones a los principios del sistema procesal que nos rige. De pronto, sin una formalización, el juez de garantía puede otorgar medidas cautelares. En el caso de marras, vale preguntarse quién autorizó la exhibición erga omnes del juicio y de la declaración de la víctima, Nabila Rifo. Esta situación de suyo es impropia y no tiene ninguna relación con la transparencia.

Tal como Daniel Zamudio ha sido el ícono de la discriminación, bien vale honrar a Nabila como símbolo de muchas mujeres afectadas por la violencia doméstica, cuyos mudos testimonios yacen en cementerios que ocultan retractaciones y chantaje de parejas que nunca entendieron que el amor es incompatible con la violencia y el odio.

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