"Arturo Prat hoy" - Pablo Ruiz-Tagle


Los chilenos conmemoramos cada año el 21 de mayo. En esa misma fecha, desde el año 2010, también se celebra el Día del Abogado. No es una coincidencia. Arturo Prat, el gran héroe militar, fue una persona ejemplar como abogado.

El historiador estadounidense William Sater ha demostrado la extraordinaria plasticidad de la figura de Prat, que ha sido retomada por ideologías y grupos, tanto de izquierda y derecha, y que permanece vigente hasta casi un siglo después. Unos lo mencionan por causa de la unidad y como símbolo de integración, mientras otros lo ven como servidor público o emblema contra la corrupción y venalidad de sus oponentes.

Hoy Prat puede ser inspiración ante los desafíos que tenemos en la actualidad. La defensa por la justicia y el derecho que no admite soluciones fáciles, la abnegación en el cumplimento del deber; el servir de ejemplo para superar nuestra actual crisis de legitimidad, y el compromiso con una institucionalidad republicana vigorosa. Contra el solipsismo fatuo, Prat representa un patriotismo generoso.

En 1876, y a los 28 años, Prat fue el primer oficial de la Armada en servicio activo en recibirse de abogado. Para ello debió recorrer un largo camino y hacer compatible su carrera naval con su formación jurídica. Se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, donde el año pasado se le rindió homenaje ante el busto de Nicanor Plaza que lo inmortaliza. Estudió en la universidad, como alumno libre, mientras estuvo muchas veces embarcado, trasladándose desde Valparaíso a Santiago para rendir sus exámenes. Prat, en su memoria de prueba escrita en 1876 critica la corrupta legislación electoral de la época y anticipó una solución semejante al sistema de cédula única con que se superó el cohecho. Dijo lo siguiente: “Garantir la independencia del sufragio i evitar estos abusos sería, sin embargo, algo no difícil de obtener si se pusiese en práctica el voto bajo sobres iguales, suministrados por las municipalidades respectivas o por el gobierno para toda la República”.
El título de abogado le fue entregado por la Corte Suprema presidida por el expresidente Manuel Montt. Se dice que cuando Prat llegó a examinarse le informaron que se había suspendido la sesión y pidió a Montt reconsiderarlo, lo que hizo ese mismo día. Al entrar a la sala de la Corte, Prat entregó su espada. Cedió sus armas ante la majestad de la ley, como saben hacerlo todos los verdaderos republicanos.

A poco tiempo de recibirse actuó como defensor de un ingeniero acusado de incumplimiento de deberes militares e insubordinación enfrentando la siempre imperfecta justicia militar. Y ya era conocido por atender consultas legales de personas sin recursos en forma gratuita. Defendió a Luis Uribe, su amigo de la infancia y compañero inseparable, quien estando en Londres en misión oficial se casó con una viuda inglesa sin permiso de su superior. Se le acusó de desobediencia y desacato. Prat asumió esta defensa sin temor a indisponerse con sus superiores.

La Guerra del Pacífico lo llevó a concentrarse en sus tareas militares y asumir el mando de la “Esmeralda” y lo que ocurre el 21 de mayo es historia conocida.

Sin embargo, lo más notable es el efecto que se produce a partir de la gesta de Arturo Prat, que en parte ha destacado el trabajo de William Sater. Es la unidad de la ciudadanía chilena en un momento crítico lo que debemos a Prat. Porque con su ejemplo republicano influyó para que la ciudadanía asumiera grandes sacrificios y diera con generosidad lo mejor de sí, para enfrentar las más graves dificultades. Arturo Prat no solo es un héroe militar, sino que nos demuestra hasta hoy que los servidores públicos, incluso los abogados, también podemos aspirar a ser ejemplos de un patriotismo republicano.

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